
Las armas de fuego llegaron a Japón con la llegada accidental de los portugueses a la isla de Tanegashima entre 1542 y 1543. Un navío portugués que iba hacia China y que estaba a cargo del comerciante Méndez Pinto había sufrido una tempestad y encalló en la isla. Los japoneses apodaron a los europeos como Nanban ("bárbaros del sur"), porque suponían que habían venido del sur y que eran poco cuidadosos con su apariencia, comparado con los japoneses. Un día, el comerciante portugués Méndez Pinto se llevó a Totitaka, el Señor de Tanegashima a pasear; donde Pinto logró cazar un pato con su arcabuz. Totitaka estaba sorprendido por el arma de fuego, que era desconocida por los japoneses en ese momento y decidió hacer gestiones con Pinto para comprar dichas armas y aprender a usarlas. Los arcabuces fueron bautizados en Japón como "Tanegashima", como el nombre de la isla, y rápidamente se expandieron por Japón, teniendo mayor demanda de parte de los señores feudales.
A pesar de algunos problemas iniciales, los japoneses rápidamente mejoraron técnicamente las armas de fuego. Desarrollaron un dispositivo para que funcionaran las llaves de mecha bajo la lluvia, refinaron el gatillo y el muelle de la llave de mecha, desarrollaron la técnica de tiro por descargas cerradas y aumentaron el calibre de los arcabuces.
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